Conexión Mente - Cuerpo.

Cuando nos referimos al término “conexión”, hablamos de la relación e interacción que hay entre estos dos entes, tan complejos ya de por sí separados, aunque incompletos si no trabajan juntos. A grandes rasgos, el cuerpo es la máquina repleta de receptores, capaz de recolectar información del medio físico que nos rodea y de la misma máquina, para mandarla a su centro de control. Lo que nos lleva a recordar que es la Mente. Puede entenderse como el conjunto de procesos cognitivos y emocionales que nos permiten interactuar con el mundo que nos rodea, procesar información, aprender, recordar, tomar decisiones y desarrollar nuestra personalidad. Hay diferentes teorías y enfoques que han intentado explicar la relación que hay entre la mente y el cerebro.  Algunos de estos sugieren que la mente es una entidad separada del cerebro y la materia, mientras que otros la ven como un producto emergente de la actividad mental y psicológica que surge de la actividad del cerebro y del sistema nervioso.  De una forma u otra, el cerebro es el órgano físico encargado de controlar y coordinar todas las funciones del cuerpo, incluyendo esa actividad mental. En definitiva, es el intermediario clave en la conexión entre mente y cuerpo, y  el centro de control de operaciones de la máquina. Toda la información tiene que pasar por él, y una vez procesada, se crea una respuesta a ese estímulo, lo que nos lleva de nuevo al cuerpo o máquina, que materializa esa respuesta.


Es un periplo constante a lo largo de toda la vida, ya que son partes de un todo. En el mundo que vivimos, por suerte o por desgracia, es físico y solo nuestro cuerpo es físico. Pero por sí solo no puede desenvolverse en un día a día, depende de ese centro de operaciones para cualquier interacción en cualquier contexto. 

El encargado de llevar esa información desde esos llamados “receptores” que se encuentran en “la máquina” a nuestro “sistema de control” es el sistema periférico a través de los nervios en forma de impulsos eléctricos.  Estos impulsos eléctricos se originan en células especializadas que forman parte de estos “receptores o sentidos”. Estas recogen el tipo de información concreta en el cual se especializan y la transforman en estos impulsos eléctricos, que es el único “código o lenguaje” que entiende nuestro cerebro. Depende del tipo de información que sea, irá dirigida a la zona del cerebro que se encargue de esa función y una vez procesada, mandará la información al cuerpo para responder de forma pertinente. Todo este intercambio de información ocurre entre 200 y 250 milésimas de segundos, desde que el estímulo es detectado hasta que el cerebro es consciente de este y es capaz de enviar una respuesta, según una investigación internacional sobre dinámicas cerebrales liderado por el director del Centro de Cognición y Cerebro de la Universidad Pompeu Fabra (UPF), Gustavo Deco.


Los tipos de respuesta son tan variados como los tipos de estímulos. De forma muy general, se podrían diferenciar dos tipos.

Internos: En el caso de los estímulos, es información recogida de cómo se siente nuestro cuerpo. Ya sea de forma física, emocional e incluso entraría el cómo se siente en relación a pensamientos, ideas o sentimientos. En el caso de las respuestas, pueden ser fisiológicas, emocionales, cognitivas o conductuales.

Externos: Si hablamos de estímulos, son toda información captada del medio donde se encuentra nuestro cuerpo a través de los sentidos. Vista, oído, gusto, olfato y tacto. Si hablamos de respuestas, la gran mayoría, en mi opinión, son motoras por no decir todas. Hasta hablar para comunicar una idea es una acción motora o una expresión facial. Entonces en este apartado, quizá lo interesante, sería el clasificar la respuesta en voluntaria o involuntaria.  

Obviamente, ni que decir tiene, que esto es un mundo con demasiadas variables y existen respuestas compuestas a estímulos compuestos, que pueden ser internos y externos a la vez y relacionados de formas infinitas. Esto es solo una forma de simplificar para poder recrear algo parecido a un esquema mental sobre el tema.

Una vez hemos construido una base, vamos a intentar ver cómo un individuo se relaciona con el medio en un contexto deportivo, bajo esta premisa. El deporte conlleva inevitablemente movimiento. El movimiento se genera a través de un sistema de palancas, que incorpora nuestro sistema locomotor. Y, en definitiva, el deporte tiene como finalidad, entrenar ese sistema locomotor, de cualquier individuo, para que sea eficiente en el contexto que conlleva practicar ese deporte.

Hay estudios que sugieren que la práctica deportiva puede contribuir al desarrollo de ciertas áreas del cerebro. Por ejemplo, a aumentar la densidad de materia gris en la corteza prefrontal, el hipocampo y el cerebelo, que están involucradas en la toma de decisiones, el aprendizaje y la coordinación motora. Además, se ha detectado que los deportistas tienen mejoras en la atención selectiva, la memoria a corto plazo y la capacidad de procesamiento visual en comparación con personas no deportistas. Estas habilidades cognitivas y perceptivas están relacionadas con la práctica deportiva, ya que los deportes requieren una atención selectiva constante, la memoria a corto plazo es esencial para recordar estrategias y movimientos, y la capacidad de procesamiento visual es necesaria para rastrear y anticipar el movimiento de objetos y jugadores en el campo de juego.


Resumiendo, practicar deporte requiere aprender y desarrollar nuevos movimientos, donde el cerebro tiene un pico de actividad y procesa miles de datos y crea miles de nuevas conexiones, mientras analiza, entiende y materializa el movimiento. A medida que se repite el movimiento y se va automatizando, la actividad cerebral necesaria para realizarlo va disminuyendo, ya que el cerebro ha creado una representación mental del movimiento y ha consolidado la información necesaria para llevar a cabo de manera eficiente. Esto se debe a que el cerebro ha fortalecido las conexiones neuronales relevantes y ha optimizado el proceso de producción del movimiento.

Las “conexiones neuronales relevantes”, de forma general y metafórica, son una lista de micropasos consecutivos que realizados en un orden y en una coordinación determinada crean un gran movimiento.

Coordinación… esa palabra no me da la sensación de complejidad que arrastra realmente. La coordinación es la capacidad del cuerpo para realizar movimientos precisos y controlados mediante la integración de múltiples sistemas sensoriales y motores. Implica el funcionamiento de la actividad muscular, la regulación del equilibrio, propiocepción y la adaptación a los cambios en el entorno. Esto incluye: Sistema Visual, Sistema Vestibular y Sistema Somatosensorial. 

El sistema visual, es responsable de proporcionar información sobre la posición, color y forma de los objetos y el entorno, y ayuda a ajustar la posición y los movimientos del cuerpo en relación con el entorno y su contexto. 

El sistema vestibular es el encargado del equilibrio, la estabilidad y la postura corporal. Es un conjunto de estructuras y órganos ubicados en el oído interno que detectan los movimientos de la cabeza y la posición del cuerpo además de los cambios de aceleración y orientación de la cabeza en relación con la gravedad. Es el sentido que manda la información al cerebro para mantener la estabilidad y el equilibrio corporal en distintas situaciones, como al caminar, correr, girar, saltar, etc. También interviene en la capacidad para cambiar de posición, mantener la postura erguida y mantener el equilibrio mientras se realiza una tarea. 


Por último, pero no menos importante, el sistema somatosensorial nos permite percibir y procesar información sensorial relacionada con el tacto, la presión, la temperatura, el dolor y la posición del cuerpo. Con respecto a la posición del cuerpo, pondría en juego dos conceptos más; 

Kinestesia: Habilidad para percibir el movimiento del cuerpo y las extremidades. Cuando está entrenada, te permitiría intuir dónde esta o acabará tu extremidad tras un movimiento, pero no existe feedback real que contraste esa información. 

Propiocepción: Habilidad para detectar la localización y posición de forma fidedigna del cuerpo y extremidades, ya que sí existen receptores que manden esa información al cerebro.

Todos estos sistemas trabajan unidos y al unísono en cada momento del día, pero sobre todo en los movimientos deportivos difíciles, donde la coordinación es esencial. Saber la información que nuestro cerebro capta, atiende y resuelve por minuto, en mi opinión, no tiene sentido y menos si está bajo un contexto de presión y estrés, como es el deporte. Además, tenemos que tener en cuenta que nuestro Sistema Nervioso se fatiga, igual que cualquier otro, y crea perturbaciones continuas que alteran el sistema propioceptivo, de tal modo que la información que es enviada al sistema nervioso central está tergiversada, haciendo que la biomecánica se altere y el movimiento pierda su efectividad. 

Entrenando esta “conexión Mente-Cuerpo” a través de ejercicios de coordinación, propiocepción y reflejos, creamos tolerancia a esa fatiga y alargamos el tiempo en el que esta aparece. Todos los estudios coinciden en que un buen trabajo de propiocepción reduce la incidencia de lesiones (sobre todo ligamentosas) en miembro inferior, sobre todo, por el aumento de estabilidad articular (tobillo, rodilla, cadera y columna). Hay que ser consciente de que los ejercicios de propiocepción son una parte del trabajo que hay que realizar para poder practicar deporte de una forma saludable. Siempre deberá ir acompañado de un correcto trabajo de fuerza, flexibilidad y movilidad articular para conseguir un rendimiento óptimo del cuerpo y una mayor prevención de lesiones. Dicho de otra manera, no hay que practicar un deporte para ponerse en forma, sino ponerse en forma para practicar deporte. Y ponerse en forma no solo es de forma corporal. Mientras antes reaccionemos a nuestros estímulos y mejor control corporal tengamos mayor rendimiento y desempeño tendremos en nuestra actividad deportiva.

Jorge Amodeo. 

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